Bueno,
creo que el espectáculo todavía no ha acabado. Como en una mala película,
aguantamos estoicamente aunque no soportamos la interpretación de los actores y
el pésimo guión. Esperamos un final que nos sorprenda o un giro inesperado que
nos enseñe el camino hacia la salida. Conservamos a duras penas nuestra
dignidad sin saber que en la próxima puerta puede que la competición entre
buitres y hienas todavía no haya acabado.
Y,
como siempre y siempre, se puede dar otro giro mas hasta que llegue la cesión
en forma de trágica rotura irreparable.
De
todas maneras ya no se si esto es un mal chiste o un sueño convertido en
pesadilla o, y desgraciadamente creo que es así, la cruda realidad.
Quizá
es la realidad que nos merecemos o es la que hemos creado por estar impasibles
observando cómo se desmoronaba el castillo de naipes en el que todos estábamos
bien aposentados.
Puede
que ahora que llega el buen tiempo coja la tumbona y me siente frente al mar
con una botella de whisky a observar la salida y puesta del sol hasta que ya no
pueda mas, pero no es el momento ni tampoco mi estilo...
La
distancia cada vez es mas alargada, el tiempo se funde voraz por nuestras
propias palpitaciones. El paisaje cambia sin darnos cuenta cómo ni porque, sin
pensar que no volverá a ser nunca igual. No recordaremos como era, no sabemos
como será, no queremos, aunque digamos que no podemos observar como es. No
reparamos que hay algunos que se han marchado sino en un instante fugaz de
pálida autocomplacencia. Seguimos varados sin saber como reaccionar y delegamos
nuestras responsabilidades para poder recriminar y quedar exonerados de
cualquier culpa.
No
aprendemos, sino acumulamos conocimientos que no nos van a servir de nada
porque no los entendemos. Volveremos a caer en el mismo atolladero, sabiendo
que no lo hemos de pisar señalado como esta y sin embargo entraremos sin pensar
para luego lamentar eternamente.
Puede
que no, puede que si hayamos aprendido, tal vez esta vez será diferente.
