06/12/2011

Todavía hay esperanza.



...transitando por las calles observaba las luces enroscadas en los árboles recién podados para la ocasión. El colapso en la avenida central era considerable, podía mantener una conversación con los peatones y verlos desaparecer delante de mis ojos quedando impotente para seguir sus templados pasos. La retórica y absurda música desafinada chirriaba en mis oídos a ritmo de campana sobre campana. La expresión de asco que se dibujaba en mi cara no era causada por haber consumido pescado en mal estado. Intentaba con todas mis fuerzas no parecer un ogro a punto de devorar al primero que estuviera al alcance de su mano. Pensé que sólo era el principio y no quise continuar divagando en como podría ser de cruel aguantar la compostura durante las largas sesiones de hipocresía que me esperaban.
Cerré los ojos por un instante, suavemente, sin provocar retraer los músculos de mis mejillas, un instante de fugaz reflexión para sacar la balanza del estado de ánimo que me acompaña. Decidí que tenía que desechar los pensamientos externos que me invadían y apearlos en la primera desolada estación aunque supiera que en el próximo tren volverían a subir.
Y entonces todo cambió.                              
Pude abrir los ojos para contemplar la felicidad que me rodeaba en forma de tiernas miradas y labios carnosos, de ojos brillantes de alegría, de voces eufóricas de despreocupación, de inocencia intacta y desgraciadamente perecedera. Y pude ver claramente que todo era fugaz y que yo ya no podía recordar esos momentos a causa de la capa de egoísmo, orgullo, vanidad, arrogancia, desconfianza, decepción y odio acumulado en los rincones más olvidados de mi mente.
Decidí que no podía destruir los sueños ajenos por culpa de los que a mi me habían roto.
Noté como recorría mi cuerpo una cálida sensación de bienestar, la música se suavizó entonando mágicas melodías, los colores ya no irritaban mis retinas, el colapso de la calle se hizo agradable.
Empecé a caminar cogido de las manos de la única realidad que hace que todo valga la pena dispuesto a disfrutar del momento, a reir y a cantar, a olvidar sabiendo que todo era fugaz y que una vez has visto caer las estrellas no hay tiempo para pedir ningún otro deseo que el que estás viviendo.
El tiempo que pasa no se recupera.




1 comentaris:

Anónimo dijo...

jejeje, siempre te ha costado disimular cuando algo no te gusta, y mas cuando alguien no te cae bien. Eso te hace grande, muy grande por lo menos para mi. Lo importante:LA FAMILIA. Un abrazo de SCM