...transitando por las calles observaba las luces enroscadas en los árboles
recién podados para la ocasión. El colapso en la avenida central era
considerable, podía mantener una conversación con los peatones y verlos
desaparecer delante de mis ojos quedando impotente para seguir sus templados
pasos. La retórica y absurda música desafinada chirriaba en mis oídos a ritmo
de campana sobre campana. La expresión de asco que se dibujaba en mi cara no
era causada por haber consumido pescado en mal estado. Intentaba con todas mis fuerzas no parecer un ogro a punto de devorar al primero que estuviera al alcance
de su mano. Pensé que sólo era el principio y no quise continuar divagando en
como podría ser de cruel aguantar la compostura durante las largas sesiones de hipocresía
que me esperaban.
Cerré los ojos por un instante, suavemente, sin provocar retraer los músculos
de mis mejillas, un instante de fugaz reflexión para sacar la balanza del
estado de ánimo que me acompaña. Decidí que tenía que desechar los pensamientos
externos que me invadían y apearlos en la primera desolada estación
aunque supiera que en el próximo tren volverían a subir.
Y entonces todo cambió.
Pude abrir los ojos para contemplar la felicidad que me rodeaba en forma de
tiernas miradas y labios carnosos, de ojos brillantes de alegría, de voces eufóricas
de despreocupación, de inocencia intacta y desgraciadamente perecedera. Y pude
ver claramente que todo era fugaz y que yo ya no podía recordar esos momentos a
causa de la capa de egoísmo, orgullo, vanidad, arrogancia, desconfianza, decepción y odio
acumulado en los rincones más olvidados de mi mente.
Decidí que no podía destruir los sueños ajenos por culpa de los que a mi me
habían roto.
Noté como recorría mi cuerpo una cálida sensación de bienestar, la música se
suavizó entonando mágicas melodías, los colores ya no irritaban mis retinas, el
colapso de la calle se hizo agradable.
Empecé a caminar cogido de las manos de la única realidad que hace que todo
valga la pena dispuesto a disfrutar del momento, a reir y a cantar, a olvidar
sabiendo que todo era fugaz y que una vez has visto caer las estrellas no hay
tiempo para pedir ningún otro deseo que el que estás viviendo.
El tiempo que pasa no se recupera.


1 comentaris:
jejeje, siempre te ha costado disimular cuando algo no te gusta, y mas cuando alguien no te cae bien. Eso te hace grande, muy grande por lo menos para mi. Lo importante:LA FAMILIA. Un abrazo de SCM
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