14/12/2011



En el camino cursado hasta el momento sólo pienso que me he dedicado con mucho esfuerzo a retirar los obstáculos encontrados para darme cuenta que estoy al principio de todo lo que quería y quiero desear. Me doy cuenta disimuladamente que estoy mas solo de lo que quisiera pensar y deseo no encontrar mas amigos que me quieran ayudar. En los momentos en que todo va mal sobresalen espontáneamente seres deseables que ahora no son necesarios por sus absurdos y obsoletos argumentos.
En el encuentro de cada noche, cuando dejo mi lastre descansar, me doy cuenta que las razones esgrimidas parecen mas escusas de principiante adolescente que de persona capacitada y elegida para el puesto al cual ha sido designado. En la soledad del silencio puedo recuperar cierto grado de satisfacción sin pensar en nada ni en nadie dejando fluir la mente para poder vaciar el límite diario de insatisfacción, decepción, hastío con todo y por nada, desde el infinito hacia el principio limitado de la vida.
Quisiera poder responder con franqueza cuando soy preguntado por cuanto se espera de mi sopesando cuanto espero yo, pero de momento todavía no lo sé con exactitud. 
Cuando miro hacia atrás no veo nada, vacío, indiferencia, soledad, un misterioso y oscuro manto lo ha vetado todo. Quizá sea mejor así.
En este momento no estoy seguro hacia donde dirigir mi próximo paso, cuando siempre había sido una decisión elemental y sin discusión con una respuesta firme y decidida, nunca había tenido ninguna objeción. Entonces es cuando me pregunto que es lo que está sucediendo realmente, que es lo que se esconde tras ese oscuro manto que parece que ahora se extiende hacia el presente y quiere viajar hacia el mas allá.
Puede que esté equivocado y desearía que fuese así.
No acojo con buena predisposición al pesimismo pero, de momento, no tengo argumentos para rebatirlo y parece que se está apoderando cada vez mas de mi entorno mas inmediato.
De todas formas nada está perdido, sólo es una reflexión consumida en una noche agotadora y fría.
La luz que nos envuelve al despertar tiñe de energía los primeros pasos encaminados a empezar un nuevo día.
El color es opaco sin dejar ver con claridad que hay en la próxima estación.

Oscuro es el día, eterno el llanto
de quien lleno de apatía
busca refugio entre la melancolía
de un tiempo extinto que ya es pasado.

Quisiera repetir una y otra vez que no volveremos a cometer los errores del pasado mientras observo el resultado de las acciones errantes que nos han dirigido hacia un abismo sin puentes y desgraciadamente sin herramientas para volver a construirlos.
Sólo nos tenemos el uno al otro.
Intentaré dirigirme hacia el único sitio posible antes de detenerme para siempre.
Hacia adelante, siempre hacia adelante.