Inmerso en las pequeñas cosas que suceden no te das cuenta de lo que ocurre a tu alrededor. El cambio de orientación que quisieras dar no surge efecto espontáneamente.
Después de la primera prueba parece que nada ha cambiado. Quizá en el momento de repetir las imágenes brillantes que visualizaste en un ayer, recuerdas que todavía no ha llegado la ocasión para partir. Los aranceles impuestos sabiendo que tú eras el complice de los mismos, ahora te pesan mas de lo necesario.
Silencio entre las dunas de arena que dividen los dos mundos por los que transitas, oscuridad en un momento por no haber querido elegir uno de los dos.
Recuerdos que se marchitan en un envase que no puede contenerlos por mas tiempo. Materia perecedera que no tiene vuelta atrás.
Despedida fugaz.
Niebla en la mirada de los ojos brillantes que observan, a su pesar, como la impotencia sale corriendo victoriosa dejando una estela de soledad mientras promete volver sin avisar para descargar otro azote fatal.
Mientras prometes que no le darás la espalda, sientes la punzada hiriente de la realidad, áspera, cruda y fría, desagradable por despiadada, eterna y sin final.
Tus oídos sienten chirriar el viento que se cuela por entre las yemas de los dedos y transporta a tu ser la sensación de vivir en un mundo que no es real. Por mucho que corras no saldrás mas pronto del agujero en el que estas metido si no quieres sucumbir a un trayecto monótono y dirigido sin haber digerido los capítulos del libro en blanco que sostienes pesadamente y, todavía no te has dado cuenta, está esperando ser escrito.
Abre los ojos y busca la luz que te guie en la dirección del camino que nunca querrías haber dejado. Es tan sólo un instante de tu pensamiento, una eternidad en tu rostro, una chispa en tu mirada, un momento fugaz de deseo incandescente.

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