18/12/2011

Modelando el paisaje.






El viento sopla con fuerza.
No creo que me acostumbre nunca a su sonido, impetuoso y furioso, no tiene contemplación con quien se atreve a rebatir sus sólidos argumentos. 
Sin piedad impone su ley.
El pincel que dibuja el paisaje cambiante de mi posada no se doblega ante las súplicas de divinidades artificiales construidas a base de sobrio pesar. 
El tiempo es un espejismo fugaz que nunca alcanzaremos observar hasta que sea demasiado tarde. 
Quisiera saber quien dicta las reglas de los elementos para poder anticipar mis pensamientos y planificar mis hechos antes que no sea posible rectificar mis pasos. 
Tras analizar el momento perdido entre el presente y el pasado me doy cuenta que es el instante templado de los pensamientos quien dibuja la neblina que tus ojos observan atentamente para poder descifrar el secreto que perdiste y no podrás recuperar.
Observando el paraíso me confirmo que no necesito mas que su visión, su olor a tierra eternamente húmeda, su textura cambiante como los pasos que doy, la visión del cuadro que jamás pintaré por su extremada complejidad de formas y colores. Me dispongo a intentar disfrutar del momento que no se va a repetir, de tus ojos brillantes, de la mano que se escapa tímidamente de mi presión para volar libre en un mundo que no reconozco. 
El silbido de la luz empujada por el silencio de las nubes mientras se escapan a esconderse en el refugio que esta detrás de la noche que viene presurosa a esconder el manto brillante del sol, trae tras de si frío y soledad en una oscuridad perecedera que acompaña el ciclo eterno del compás diario de mi vida.






El viento empuja con fuerza y disipa la hebra de tu pensamiento
intentando moldear el dibujo fugaz y eterno de tu camino.
No podrás volver hacia atrás, sólo encontraras desierto.
Busca en el horizonte sin pensar que no lo podrás alcanzar.
No tengas miedo a continuar, ahora es el momento de avanzar.