El viento sopla con fuerza.
No creo que me acostumbre nunca a su sonido,
impetuoso y furioso, no tiene contemplación con quien se atreve a rebatir sus
sólidos argumentos.
Sin piedad impone su ley.
El pincel que dibuja el paisaje cambiante de mi
posada no se doblega ante las súplicas de divinidades artificiales construidas a
base de sobrio pesar.
El tiempo es un espejismo fugaz que nunca alcanzaremos
observar hasta que sea demasiado tarde.
Quisiera saber quien dicta las reglas de los
elementos para poder anticipar mis pensamientos y planificar mis hechos
antes que no sea posible rectificar mis pasos.
Tras analizar el momento perdido entre el
presente y el pasado me doy cuenta que es el instante templado de los pensamientos
quien dibuja la neblina que tus ojos observan atentamente para poder descifrar
el secreto que perdiste y no podrás recuperar.
Observando el paraíso me confirmo que no
necesito mas que su visión, su olor a tierra eternamente húmeda, su textura cambiante
como los pasos que doy, la visión del cuadro que jamás pintaré por su extremada
complejidad de formas y colores. Me dispongo a intentar disfrutar del momento
que no se va a repetir, de tus ojos brillantes, de la mano que se escapa
tímidamente de mi presión para volar libre en un mundo que no reconozco.
El silbido de la luz empujada por el silencio de
las nubes mientras se escapan a esconderse en el refugio que esta detrás de la
noche que viene presurosa a esconder el manto brillante del sol, trae tras de
si frío y soledad en una oscuridad perecedera que acompaña el ciclo eterno del
compás diario de mi vida.


El viento empuja con fuerza y disipa la hebra de tu pensamiento
intentando moldear el dibujo fugaz y eterno de tu camino.
No podrás volver hacia atrás, sólo encontraras desierto.
Busca en el horizonte sin pensar que no lo podrás alcanzar.
No tengas miedo a continuar, ahora es el momento de avanzar.
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