10/11/2011

El silencio de la penumbra.

Sigo caminando en silencio dejando atrás la fría noche que nos envuelve sin avisarnos. Mientras mis pasos marcaban su monótono ritmo, observaba la ciudad desvanecerse en el silencio de la penumbra. Los edificios dibujaban mágicas sombras justo enfrente de mis ojos para parecer aun mas siniestros, mas misteriosos. La tierra empezaba a humedecerse por el manto etéreo del descanso de las nubes en su descenso nocturno.
Silencio.
Humedad, oscuridad, silencio.
La noche despedía los últimos lamentos diarios de un devenir escondido en un inmenso deseo.
El deseo, la pasión oculta de mis pensamientos salían a flote antes de sucumbir a la penumbra del negro mas absoluto, antes de tocar la yema de los dedos de quien no piensa volverte a traer de regreso a tus aposentos.
El olor de la hierba marchita me recuerda que no somos eternos, aunque a veces creamos serlo. Día y noche se unen en un mismo espacio para compartir las experiencias y eliminar asperezas para poder levantarnos sin tanto pesar. Oculto tras las sábanas esta el pensamiento de libertad que todos anhelamos y que se escapa por escasos centímetros de una medida que yo no determiné.
La línea que nos separa a ti y a mi es tan difusa que nunca nos podrá unir.
Los lamentos construidos con cimientos de equivocación son el preludio del ocaso del edificio que has creado y te das cuenta que no aguanta mas. Los parches obsoletos han llegado al momento de su expiración para desintegrarse sin ninguna solución posible. El crédito que un día solicitaste se ha consumido sin haber podido devolver los intereses que se han magnificado por la suma exponencial de la demora. La mano que siempre esta a tu lado no puede sujetar el peso de la duda que le has trasmitido sin darte cuenta y que ahora reposa sobre sus maltrechos hombros.
Las luces no son visibles a cierta distancia pero cuando estas lo suficientemente cerca las puedes ver con mucha claridad.
Deseo estar junto a ti en el momento que tenga que partir, deseo que tal vez, tal vez, sea cumplido.

La noche nos abraza, unas veces suavemente, otras aprieta demasiado...

El día llegará y con su luz nos cubrirá par poder recuperarnos y seguir sin demora, sin niguna otra opción, hacia adelante, siempre hacia adelante.