En ese paso cambiante de pesados caminos vi tu mirada perdida en un cruce que no quise tomar, pero que sigo pensando en el destino oculto que se escondía en los limites de sus estrechos margenes.
Observando el reflejo atónito de nuestro pensamiento recordé que entere tu y yo no nos separa nada, entre tu y yo no hay nada distinto ni nada frágil como el viento suave que recorre las mañanas que cada día despiertan en tu interior.
Entre tu y yo no existe la distancia, puedo ver tu mirada cuando cierro los ojos y sentir la silueta de tu cuerpo desnudo vibrar entre mis brazos cuando la oscuridad es tan solo un estado que cierra el circulo diario de nuestro pesar.
Puedo notar el roce de tus labios susurrando palabras inaudibles para cualquier otro ser.
Recorro cada mañana las esquinas de tu cuerpo en busca de la pasión olvidada para poder entregártela sin ninguna restricción.
Intento perderme entre las ondulaciones de tu cabello buscando la felicidad perdida antes que llegue a la próxima estación.
Te entregué mis lágrimas para que las guardaras en el cajón de cristal que escondes entre tu pecho para que no puedan escapar sin tu consentimiento.
Suave como la seda de perfumado aroma y sutil compasión.
Despiadada como el ejercito arrasador ante una ciudad conquistada.
Tierna como la flor de la orquídea mas bella.
Firme como el núcleo que gira incansable para mantenernos todos a flote.
Templada y equilibrada para hacer recapacitar antes de equivocarme, una vez mas.

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